sábado, 21 de abril de 2012

Protocolo 0 - Eventos 1


Es evidente que estamos en momentos difíciles para el Protocolo por la asociación que de su término se hace a gastos, poder, saber estar, mundo oficial. Sin embargo, nadie cuestiona Eventos, aunque pueda criticarse el alto coste de un acto y lo innecesario del mismo. Me comentaba ayer un buen amigo, alto responsable de la organización de actos de una comunidad autónoma, que en su "casa" practicamente no podía hablar de Protocolo porque era cuestión maldita. Que a la hora de cerrar presupuestos más que de Protocolo prefería hacer referecia a eventos institucionales. "No veas cómo cambia la cosa", me decía.

La verdad es que llevo años defendiendo que los técnicos de Protocolo somos auténticos gestores de actos (o eventos), cuestión que ya expresé con claridad en 2001 en el Congreso de Protocolo de Mallorca. El hecho de que en el mundo más desarrollado se hable de Events (eventos) cuando se refieren a la organización de actos en general, está provocando que Protocolo se asocie más a lo estrictamente oficial. Por eso, siempre recordaré, que en un foro profesional que promoví hace tres años, cuando la Universidad Camilo José Cela nos encomendó preparar el proyecto de documento que se debía presentar al Ministerio para solicitar el Grado Oficial en Protocolo y Organización de Eventos, un reconocido responsable de una Consultora de Organización de Actos espetó delante de todos los asistentes (representantes del mundo oficial y empresarial) que él defendía por encima de todo Protocolo "porque es fundamental para cuando lo precisemos quienes organizamos eventos".

Me dejó medio humillado. Es decir, vino a señalar que hagan ustedes Protocolo que nosotros nos dedicamos a organizar los eventos. En el ámbito estrictamente empresarial, y me remito a la realidad (asomaros a Linkedln), la mayoría de los servicios que se dedican a esta cuestión se denominan Eventos o similar. Cada día se nota más ese abismo, esa diferencia entre Protocolo (asociado al Poder institucional, su jeraquización y tratamiento) y los Eventos (asociado a la organización en general, especialmente en el ámbito empresarial). Esta dualidad es un trampa, porque quienes se dedican al Protocolo tanto en el ámbito oficial como no oficial son auténticos organizadores de eventos. Sin embargo, muchos "manager" de eventos desconocen las reglas esenciales del Protocolo y su organización cualificada. 

Esta brecha ya existe y está perjudicando desgraciadamente al Protocolo, no porque el término no responda a lo que es, sino porque la sociedad lo ha quemado al convertirlo incluso en algo frívolo como el arte de comer el huevo frito o cómo colocar la corbata o atender el teléfono en la oficina. Tanto que en ocasiones, cuando negocias determinadas cuestiones es preferible omitir el tradicional término, y presentarte como experto en la organización de eventos. Me duele la cuestión, porque desde siempre he defendido y lo sigo haciendo que Protocolo en su acepción profesional es la organización de actos y eventos. Pero la realidad viene demostrando poco a poco, y vuelvo a remitirme al panorama internacional, que esa batalla se puede perder si profesionalmente no actuamos con habilidad. No pienso renunciar a seguir luchando y acreditando mediante estudios, investigaciones y realidades que el Protocolo profesional no es solo el arte de aplicar precedencias y  la atenciónde autoridades, sino que tebiendo en cuenta la evolución de los tiempos es la gestión y la organización de todo tipo de actos. Pero hay muchos intereses en juego en este campo, de tal forma que es claro que existe una estrategia bien pensada para que Protocolo siga siendo visto como los actos del Rey y las altas autoridades y Eventos todo lo demás que es nada menos que la parte fundamental de la tarta. 

Por esa razón, las empresas de eventos defienden la existencia del Protocolo, para que se quede ahí, incluso nos contratan cuando en su actos hay necesidad de tirar de atender autoridades. Afortunadamente, la Universidad Camilo José Cela tuvo la cordura de investigar en el contexto  internacional cómo estaba la cuestión y, además, valorar la singularidad y significado del Protocolo en España. Por esa razón presentó en su Propuesta de Grado un título que engloba ambos términos para evitar confusiones o malas interpretaciones, y puedo asegurar que la carrera oficial no hubiera salido adelante sino fuera por la convivencia de ambas expresiones. Por la misma razón que hubo que retirar las palabras Relaciones Institucionales porque inducían al error frente a Relaciones Públicas, cuestión que comparto.

Los profesionales que nos dedicanmos a la organización de actos tenemos que hacer una reflexión en serio en este sentido, porque francamente Protocolo está perdiendo el partido frente a la oytra expresión. Ya desde aquí propongo abiertamente que la Asociación Española de Protocolo -lo mismo diría de otras asociaciones- contemplen la palabra Eventos porque corren el riesgo de que se le etiquete como lo que no es, o de que surjan movimientos que se ajusten más a lo que es la realidad en este momento. Sé que muchos colegas de Protocolo no compartirán conmigo esta reflexión, pero les invito que más allá de sus departamentos y sus "mundos" observen el panorama, estudien la cuestión y miren al exterior. Se darán cuenta que en este momento o damos el paso para acreditar que realmente Protocolo es el nombre en español de la profesión de quienes organizamos eventos, ya sean oficiales o empresariales, o perdemos el partido como digo. Y mientras creo que es necesario que asociemos siempre Protocolo y lo que para mí es su alma gemela en otro idioma, events (Eventos), siempre desde lo que es la definición de la profesión, no el significado de su término desde el punto de vista del diccionario. La Real Acadenia tampoco nos saca de dudas porque frente a la definicion de Protocolo como "Regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre",  se superpone la de Evento como "eventualidad, hecho imprevisto, o que puede acaecer". Solo en Cuba, El Salvador, México, Perú, Uruguay y Venezuela, según la casa madre de la Lengua Española, se define como "Suceso importante y programado, de índole social, académica, artística o deportiva". Pero también omite su vinculación a lo oficial, incluso a lo empresarial.

Hoy en el mercado general global decir que eres técnico en Protocolo es limitarte. Señalar que eres gestor de eventos o Event management vende mucho más. Siento mucho decir esto, pero o pisamos tierra o nos entierran. Sé que académica o científicamente Wikipedia carece de valor, pero en muchas cosas es fiel reflejo de realidades sociales. Os invito a que miréis esto, algo que se me ocurrió mientras escribía esta reflexión y  media España sufría la pasión del Barça-Madrid:

http://en.wikipedia.org/wiki/Event_management#Categories_of_Events.

Lo que sí es realmente un hecho es que la mayoría de mis colegas profesionales en el ámbito empresarial (salvo excepciones honrosas) llevan de apellido en su cargo Events Manager. Es la primera vez que escribo tan contundente en este sentido, y seguiré defendiendo al director de Protocolo profesional como el event manager auténtico, pero la realidad como bien se sabe va por delante de muchas cosas. Debemos admitir que Protocolo y Eventos es una pareja ya inseparable. De esa forma la cosa se pondrá en un claro 2-1. Desde el punto de vista de la ciencia y la historia la palabra idónea es Protocolo, cuyo técnico es el responsable de la organización general de los actos (hoy ya más llamados eventos). El Event manager es tan reciente que ni tan siquiera tiene soporte científico. Lo tendrá cuando se asocie a Protocolo. Me pregunto yo si nuestro amigo Vatel viviera hoy ¿como se llamaría? ¿Director de Protocolo? ¿Director de Eventos? O probablemente se dejaría de tonterías, parara sus labores organizativas, más allá de la simple jerarquización, y se vendría a buscar asiento en un bar próximo para ver cómo acaba el partido que tiene al límite a la España futbolística.

domingo, 15 de abril de 2012

Las "perlas" de la Cumbre de las Américas





 Con independencia de las singularidades propias en la cultura de cada país, desde el punto de vista de Protocolo, la VI Cumbre de las Américas, celebrada en Cartagena de Indias (Colombia) nos aporta algunas cuestiones que indudablemente son de interés para los profesionales de la organización de eventos. Siempre se ha venido señalando que el Protocolo en las relaciones entre los países, en definitiva el vinculado a la diplomacia, tenía sus rigideces difíciles de salvar, y especialmente encuentros al máximo nivel. Sin embargo, la Cumbre de las Américas nos ha dejado algunas imágenes para la reflexión.
Se ha venido diciendo -incluso muchos siguen afirmando- que el Protocolo en las cumbres importantes entre países está sujeto a ciertas formalidades difíciles de romper. Piensan muchos que las nuevas tendencias organizativas son solo de aplicación en eventos empresariales o actos oficiales más informales. Sin embargo, esta cumbre, con presencia de jefes de Estado, primeros ministros y ministros de países americanos, entre otros altos cargos, ha dejado algunas "perlas" que no pueden pasar desapercibidas.
En primer lugar, el acceso de los mandatarios al Centro de Convenciones. Lo hacen como si de premiados en una ceremonia cinematográfica se tratara. Acceden desde la puerta principal trasera, previo anuncio de la conductora del acto, acompañados de quienes acudieron con consortes, bajando por la escalera central y dirigiéndose los mandatarios al escenario y los acompañantes a las primeras filas reservados para ellos. Algo que si no me equivoco rarísimas veces hemos visto.
En segundo lugar, la etiqueta. Ha habido de todo. Desde las mejoras galas de Evo Morales, los elegantes vestidos de las presidentas de Argentina y Brasil, la camisa sin corbata y chaqueta del anfitrión (presidente de Colombia), la chaqueta y camisa sin corbata de Obama, alguna Guayabera de otros y cómo no algún traje impecable con corbata. Toda una diversidad de etiqueta en una cumbre de notable trascendencia para la región. Ver a un impecable Presidente de los Estados Unidos de América sin su corbata, cuando puede desprenderse que no se ha señalado una vestimenta determinada. Eso sí, con su pin con la banderas americana.
En tercer lugar, la apertura del evento con la interpretación del Himno colombiano a cargo de una de las cantantes de mayor renombre internacional colombiana, Shakira, que no tuvo inconveniente alguno en situarse en el escenario, por delante de los mandatarios y a "capella" cantar el citado himno. Ella curiosamente, decidió portar una camisa blanca con una femenina corbata negra rompiendo su propio protocolo. Por instantes todo parecía al revés.
Tras los discursos del Secretario General de la OEA y la representante de Naciones Unidas, que no ocuparon lugar en la presidencia y salieron desde sus puestos en las primeras filas de público, la organización recurrió a un video de presentación de Colombia y Cartagena de Indias al mundo, un video que se fusionó a la realidad cuando la niña protagonista del video, en continuidad con el mismo hacía entrada al salón principal, y con un colibrí con las plumas de la imagen corporativa se plantaba ante los mandatarios y en apenas unos segundo hacía referencia a la unidad de los pueblos. Momento emotivo.
Vino después el discurso del Presidente anfitrión, que hubo de sufrir los problemas de algo incomprensible como el escaso pasillo que le dejaron entre las dos filas de mandatarios para dirigirse hasta el atril, debiendo en algún momento pedir a los presidente que se apretaran para poder pasar. Medio metro más de anchura hubiera sido suficiente para que este recorrido hubiera tenido la solemnidad que requiere. Ya en su ingreso al asiento reservado en la mesa tuvo sus más y sus menos especialmente cuando se topó en el camino con un "largirucho" presidente de EE.UU. a quien prácticamente el anfitrión hubo de empujar su silla (menos mal que era de ruedas) para poder seguir su camino.
Se cerraba la ceremonia inaugural con un espectáculo folclórico típico colombiano que francamente dejó mucho que desear. Pienso que a cualquiera con experiencia se le hubiera ocurrido cientos de soluciones impactantes y atractivas. En nuestra opinión la escenografía dejú mucho que desear, ajena a la imagen que la organización debía de transmitir, con ese exceso de banderas. En las cumbres numerosas deberían habilitarse soluciones alternativas que den otro aire y otra imagen, en línea con el sentido de estos encuentros pensados para fortalecer relaciones institucionales y humanas, éstas tan importantes en la diplomacia actual, y decisivas para la resolución de conflictos.
De todo ello, quisiera llamar la atención sobre tres aspectos poco habituales y que nos van señalando una nueva visión en la organización de actos de este tipo: la etiqueta, más relejada (aunque no todos los entiendan así) para trasladar una imagen más cercana y de trabajo. Hay quien sigue diciendo que la corbata es fundamental. Colombia y en especial Obama ha demostrado que no necesariamente. Igualmente, es necesario comentar cómo puede integrarse en una ceremonia internacional "celebridades sociales" que pueden aportan valor añadido a lo que se está haciendo (entendiendo como valor añadido en el sentido de acercarlo al pueblo), algo que también hasta ahora parecía vedado en una ceremonia oficial internacional televisada al mundo. O la presencia juvenil de la niña en un video espectacular que interactúa desde la grabación a su presencia real en el salón. No es que sea muy original en un evento, pero desde luego sí para unas cumbres tan encorsetadas.
Estamos ante nuevos esquemas en los que se van incorporando tendencias de eventos que restan ceremoniales muy oficializados e incorporan formatos más de nuestro tiempo. No es que desde nuestra modesta opinión haya sido un acto de referencia, pero sí una clara confirmación de que la diplomacia al máximo nivel comienza a consolidar cambios singulares. Vendrán más, y serán de mayor éxito -estamos convencidos- cuando los responsables de la organización dejen de ser determinados diplomáticos que piensan que lo importante es solo el orden alfabético de los países o de las banderas o cómo atender a los mandatarios o similar. Pero para organizar ceremonias que aporten frescura y modernidad (no tienen por qué encorsetarse a discursos e himnos), hay ya expertos capaces de convertir instantes como éstos en actos de impacto que además de romper su frialdad proyecten imagen de país. Tema serio ahora que la cuestión de la "marca nacional" es tan importante.
La reunión de Cartagena de Indias es, por otra parte, una severa llamada de atención a los prolíficos escritores y comentaristas del "saber estar", que siguen sin enterarse que estamos en el siglo XXI y que los tradicionales modales, etiqueta y demás también evolucionan. Tenemos los profesionales e investigadores en esta materia la responsabilidad de reinventar esta parte del Protocolo sino queremos que la palabra no siga asociándose a cosa de reyes, mandatarios y diplomacia. Otro reto.
Dejamos en esta columna algunos enlaces donde pueden apreciarse todos estos aspectos a los que hemos hecho referencia.




domingo, 8 de abril de 2012

Precedencias y la tabla del 9


Estaba con mi hija haciendo los deberes de matemáticas previstos para hoy. Tocaba la división por tres. Se volvía "tarumba". Tras todo el día jugando y viendo una peli, no hay manera de que se concentre esta tarde en dividir 256.897 entre 237. Lo entiendo, pero parece que este reparto del tiempo entre jugar y asumir la responsabilidad de estudiar, en la proporción adecuada es buena, según los expertos. Un baño después, pijama y cena y todo presto para el descanso, al menos para la peque.
Precisamente, mientras hacía de "profesor" de mate, me acordaba de algunos alumnos que he tenido y tengo cuando intento explicarles el por qué de determinadas precedencias entre las autoridades y personalidades cuando hay que conformar una presidencia para un acto. ¿Quién organiza el acto?... Pues preside... Pero, ¿hay algún motivo para ceder? Y si lo hay ¿a lo clásico o a lo moderno? Y luego colocar al resto según precedencias.
- ¿Pero dónde pongo al concejal que no está en la lista de precedencias? ¿Y al presidente de la Cámara?
Entonces se les vuelve más difícil que hacer aquella división por muchas vueltas que le den. Al fin y al cabo las matemáticas son fórmulas que te dan una respuesta exacta si las sabes aplicar bien. Y en caso de no saberlas, te queda el recurso de la calculadora, algo que hasta los más pequeños saben manejar. Pero en Protocolo no existen ni las fórmulas para la exactitud, ni la calculadora de recurso.
Hacer precedencias es, salvo los casos cantados, probablemente de lo más difícil que hay en Protocolo, y, por cierto, donde más "cojean" expertos y no tan expertos. No es ciencia exacta, razón por la cual hay que recurrir a normas cuando las hay y a razonamientos en el resto de los casos, valorando las circunstancias, sentido del acto y relación de las personas con el evento, entre otros muchos factores.
Las precedecias en protocolo es como las matemáticas para los niños. Cuando hacen una división y la hacen bien piensan que ya saben dividir. Pero les pones una segunda y vuelta a empezar. Y mira que las fórmulas son las mismas. Así hasta que las aprenden bien. En Protocolo ocurre parecido pero sin fórmulas. Cuando hacen una, o dos o tres presidencias piensan que ya saben ordenar autoridades. Error. Entre saber y aplicar correctamente hay una abismo. Aquí no hay fórmulas ni programas matemáticos, afortunadamente.
Para manejar bien el protocolo de la ordenación exige conocer muchas experiencias, analizar adecuadamente, valorar, y entrenar una y otra vez. Y cuando te llegan los casos reales hay que volver a empezar, pero recordando lo que has ido consolidando en tu fase de aprendizaje. Nunca se podrán hacer bien precedencias sin tener cultura general, sin inquietud por saber aplicar la normativa e interpretarla, por buscar comparaciones, por analizar lo que hacen los demás, etc... Algo que a los más jóvenes les cuesta mucho. No es llegar y aplicar el Real Decreto, eso ayuda poco. Hay que ejercitar todo lo demás. Por eso es tan importante conocer el entorno, la realidad y practicar.
Veo a mi hija pequeña hacer divisiones en su cuarto. Y a la mayor precedencias en el suyo. No sé quién lo pasa peor. Los que quieran aprender protocolo no deben olvidarse que no sólo es organizar y crear un evento sino hacer bien las precedencias, factor que nos diferenciará para bien con respecto a la competencia profesional. Es como si quisiéramos ser brillantes matemáticos y no saber bien sumar. Odiando las comparaciones, un buen experto en Protocolo y Organización de Eventos nunca podrá llegar a serlo sin dominar las matemáticas del Protocolo: las precedencias. Y lo malo es que eso lleva más tiempo y años que aprender la tabla del 9.

sábado, 31 de marzo de 2012

Ahora la falda de la princesa Kate



De nuevo la etiqueta femenina se ha convertido en carnaza para determinados Medios de Comunicación.Y cómo no el asunto se haconvertido en una cuestión de Protocolo de Estado. La noticia, facilitada al parecer por unas declaraciones de la Reina de Gran Bretaña, al Dail Mail, hace referencia a que la Princesa Kate debe utilizar faldas un poco más largas. Según recoge Noticias24 horas, la cosa va como sigue:

La reina Isabel II de Gran Bretaña pidió a Kate Middleton, la esposa de su nieto Guillermo y nueva duquesa de Cambridge, "alargar un poco" las faldas que viste en público.

  "La reina nunca ocultó que ve en Kate un enorme potencial, pero también piensa que la joven debe realizar algunos cambios en el modo en que se comporta en público, y ello incluye alargar los extremos de sus faldas", escribió hoy el Daily Mail, citando a una fuente de palacio.

  Según indiscreciones del Palacio de Buckingham, a la monarca le agrada Kate, por lo que está tratando de ayudar a la ex plebeya a evitar los "errores" cometidos en su momento por Lady Diana.

Ante la "importancia" de la declaración, muchos medios españoles se han echado a la calle para ocuparse de la cuestión: ¿cómo ha de ser el vestuario femenino de nuestras princesas de hoy, posibles reinas del futuro, cuando concurren a actos públicos? Ya tenemos polémica. Vale con observar bien las fotos que hemos tomado del citado diario.

Como era de prever los comentarios de los foros virtuales en torno a esta noticia no dejan precisamente bien a la monarca inglesa. Tampoco es para menos. Si las declaraciones son realmente ciertas uno se queda absolutamente sorprendido. ¿Alargar la falda de la esposa del segundo heredero de la monarquía británica? Según algunos entendidos es cuestión de que la jovencita princesa estire sus vestidos unos 15 centímetros para tapar las rodillas. Ahora que precisamente se cumple los 70 años de la aparición de la minifalda, afirmaciones como esas nos retrotraen muchas décadas atrás.

Las monarquías, especialmente la parte femenina de ellas, siempre está en el ojo del huracán con estas cuestiones estéticas y de moda. Fue durante tiempo los tacones de Letizia, ahora es la corta falda de la Kate. La más bonita y elegante princesa europeael día de su boda, es hoy para la Reina y algunos mediáticos, un "niña" atrevida que enseña pierna. Y lo peor y de ahí la justificación de este comentario: es un problema de protocolo, señalan algunos periodistas. La Kate no debe llevar una falda por encima de la rodilla porque las normas de protocolo para actos oficiales lo prohibe. ¿Dónde está esa prohibición? Viendo la foto donde aparece la Reina con su nuera y con la esposa del nieto, las dos mayores parecen del siglo XIX. 

Nadie debe apelar al protocolo en estas cuestiones. En primer porque no es un porblema de protocolo, sino de estética o de imagen. El Protocolo que mide la ropa de la mujer por centímetros está felizmente superado. Pertenece al pasado. Me recuerda esta polémica al uso del pantalón por las mujeres, algo que socialmente originó todo tipo de problemas, debates e incomprensiones. Hay que ir vestidos conforme a la etiqueta de los tiempos, y eso es igual para familias reales o para la gente plebeya. No puede pedirse que la joven princesa vista similar a la abuela de su marido. Las generaciones evolucionan en todos los aspectos, incluidos en el vestuario. No me parece nada mal que busquen las nuevas princesas su propio estilo y se les deje de dar consejos sobre cómo vestir, y menos de si lo correcto es llevar falta por encima de la rodilla o por debajo. Es absurda la polémica, pero ya están todas las redes sociales con el tema. 

Es curioso, siempre es la mujer la que está en el ojo del huracán. Ya puede ir su marido vestido como desee, que como ella no cumpla con lo estricto se ha armado el lío. 

Que todo el mundo opine lo que quiera pero que nadie hable que el Protocolo exige esto o lo otro. En el pasado quizá, hoy desdeluego no es un problema de protocolo. Además que la princesa, al menos por las fotos objeto de la polémica va estupenda. Y que tomen ejemplo de ella muchas personas cada vez que la vean entrar en Zara a comprar sus vestidos.

Es evidente que en actos oficiales, llevar una minifalda muy aparente no está bien visto, lo mismo que si un hombre acude de pantalón vaquero. Pero hay que comenzar a decir que la cuestión de si el vestido corto es por debajo de las rodillas y el largo tapando los zapatos. Hace décadas probablemente nos dirían que así era. Hoy, al menos en el vestido corto, ya no se puede decir eso. Dependerá del propio vestido, de la persona que lo lleve y de otras circunstancias excepcionales.

Vaya día con los periodistas llamando sobre la veracidad o no de los quince centímetros arriba o abajo en los actos oficiales. Por Dios, que estamos en el siglo XXI.

lunes, 19 de marzo de 2012

“Pepa 2012”, ¿romper el protocolo?, no destrozarlo



Profesionales. Docentes. Investigadores. Será muy difícil de explicar a partir de hoy el por qué de algunas decisiones protocolarias tras observar detalladamente las imágenes que los medios de comunicación nos han transmitido a propósito de la presidencia del acto del bicentenario de las Cortes de Cádiz, celebrado en esta ciudad. Difícil, porque no encuentro argumento alguno que sostenga el erróneo protocolo seguido para la presidencia del acto central celebrado en el Oratorio de San Felipe Neri, lugar donde hace 200 años los diputados doceañistas redactaron y promulgaron la Constitución de 1812, la primera constitución liberal del España.
No dudo que el evento haya sido un éxito, que felizmente se haya celebrado un acontecimiento tan importante en la historia de la construcción del Estado español. Tampoco ponemos en duda la carga de los discursos pronunciados en beneficio de una sociedad democrática, justa e igualitaria. No entramos en eso. Hablamos de Protocolo. Y en especial de la precedencia seguida en la mesa presidencia del Oratorio. A lo largo del día de hoy hemos recibido cientos de mensajes de profesionales y estudiantes relativos a la ordenación seguida en la citada mesa. Todos muestran extrañeza y buscan una u otra explicación, sin hallarla.
Al menos hasta hoy era práctica habitual obligatoria que cuando los Reyes acudían a un acto, en la mesa central se previera una doble presidencia donde los dos puestos centrales se guardasen para Sus Majestades los Reyes, ocupando el Jefe del Estado el sitial derecho entre ellos, y su consorte el izquierdo. Y a partir de aquí se aplicase la precedencia en alternancia. Sin embargo, este lunes 19 de marzo de 2012, hemos visto una ordenación inédita. Siete puestos, el Rey en el medio, la Reina a su derecha y el Presidente del Gobierno a su izquierda, Y a partir de ahí de derecha a izquierda el Presidente del Congreso, Presidente del Senado, Presidente de la Comunidad Andaluza y Vicepresidenta primera del Gobierno. Incluso algunos me han escrito pensando que los medios han publicado la foto al revés, pero no.
Si alguien pregunta por qué, tendrá que dirigirse a los organizadores porque uno no encuentra explicación alguna a este cambio sin sentido. Tampoco razones para que se salte a la torera las normas vigentes de precedencias, las técnicas tradicionales y las costumbres, que tanto pesan en eventos de estas características. Por muchas razones. Primero, porque argumentar que no caben más de siete personas en la mesa para hacerla par, no cuadra. Segundo, porque en el peor de los casos con seis personas hubiera sido suficiente (aunque lo ideal hubieran sido ocho). De acuerdo a la costumbre, la lógica y la norma, los Reyes presiden, don Juan Carlos a la derecha y doña Sofía a la izquierda, como siempre. ¿Por qué esta vez no se hizo así? Ni idea, pero para los profesionales de protocolo decisiones de este tipo hacen dinamitar todos los principios relativos a la aplicación de precedencias. Si alguien quiere saber por qué, no podemos decirlo y solo podemos remitirle a los altos responsables de Protocolo del Estado para que nos lo expliquen. No porque nos parezca ni bien, ni mal (que la verdad nos parece frívolo), sino sencillamente para saber qué tenemos que hacer a partir de ahora. ¿Vale todo?
En un acto de estas características, hemos echado de menos en la mesa al Presidente del Tribunal Constitucional (más que justificada su presencia) y a la Alcaldesa de Cádiz (máxima representante local), y si embargo no entendemos el por qué de la presencia de la Vicepresidenta del Gobierno (estando el Presidente). Creemos que hubiera sido perfecta esta disposición en presidencia par:
1.       Rey.
2.       Reina.
3.       Presidente del Gobierno.
4.       Presidente del Congreso.
5.       Presidente del Senado.
6.       Presidente del Tribunal Constitucional.
7.       Presidente de la Junta de Andalucía.
8.       Alcaldesa de Cádiz.
Lo que se hizo, con todos los respectos, no lo podemos compartir para nada, por muchas explicaciones que nos den. Así de sencillo. Queridos colegas y alumnos no nos quedemos con este caso como una “inflexión” en Protocolo, sino como un importante error que genera confusión. Siento decir esto, pero el Estado no puede jugar con “frivolidades protocolarias” sean fruto de lo que sean. Uno confía que en estos actos la presión política no se imponga al Estado de Derecho, pero tras lo visto ya no sé qué pensar. Pierden el derecho a decidir sobre precedencias quienes resolvieron el orden de esta mesa.
Por eso, queridos alumnos y amigos profesionales, confiemos que esta sea la mala excepción que rompe la regla. Últimamente se habla mucho de “romper” el Protocolo como forma de humanizar los actos oficiales. Pero esto no es romperlo, sino sencillamente “destrozarlo”. Resulta que en la inauguración de la X Legislatura en el Congreso, el Rey y la Reina ocupan sus lugares tradicionales. Meses después lo invierten. ¿Es que la Pepa tanta fuerza tiene?
Como diría  mi amigo, explicaciones al “maestro armero”. Para mí es un error y grave.
Y otra pregunta: ¿seis banderas de España no es excesivo? Me hubiera gustado ver las enseñas de todas las autonomías de España, como símbolo de unión, y no tanta rojigualda, a la que obviamente respetamos y mucho. Seis banderas de España en apenas unos metros a uno le hacen pensar muchas cosas, aunque para otros posiblemente haya sido solo cosa de armonía y equilibrio escenográfico. Pero los símbolos del Estado no son elementos de decoración. Son algo más. Y en Cádiz estábamos toda España.

jueves, 15 de marzo de 2012

El buen protocolo aporta imagen y negocio


El movimiento “Queremosorganizareventos” (QOE) celebrará en Madrid su primera gran Asamblea Nacional con el objetivo de lograr sensibilizar a la sociedad de la importancia de esta disciplina

La Real Academia Española debería revisar sus definiciones sobre ‘protocolo’, pues los profesionales del sector no se sienten identificados con ninguna de sus acepciones
Los objetivos primordiales de QOE son potenciar al profesional, denunciar el intrusismo, apoyar a las asociaciones profesionales existentes en España, lograr el reconocimiento oficial de la profesión en el Ministerio de Trabajo y crear un colegio profesional

Carlos Fuente
Miembro de la Gestora de QOE. Director del Instituto de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela

La crisis económica que vive nuestro país, como muchos otros europeos y no europeos, ha sacudido de forma negativa a muchos sectores profesionales, entre los que no podía quedarse al margen el relativo a los técnicos responsables de organizar actos en las instituciones públicas y empresariales, los más tradicionalmente conocidos como técnicos de protocolo. Los recortes presupuestarios que afectan a todas las partidas públicas y privadas han dado un fuerte tijeretazo a la inversión en comunicación y, en consecuencia, los gastos e inversiones en eventos institucionales y corporativos han disminuido proporcionalmente. Aunque el número de actos habidos en los dos últimos años viene siendo similar, lo cierto es que se han impuesto los de bajo presupuesto.
En principio, que las actividades protocolarias de unas entidades y otras hayan reducido presupuesto parece lógico y necesario. Hay que rebajar gastos y hay que apretarse el cinturón. Sin embargo, la crisis se ha llevado por delante el concepto de protocolo en su vertiente profesional. Las continuas noticias y debates  acerca de rebajar los gastos de protocolo, o de que tal alcalde o concejal se “ha pulido” en protocolo tal dinero, o incluso que algunas instituciones públicas hayan suprimido el departamento de Protocolo para sustituirlo por otro similar llamado Eventos, ha generado una enorme confusión con respecto a la profesión.
Los profesionales de protocolo y eventos nos encontramos ahora en una difícil encrucijada en el sentido de que, por un lado, la sociedad en su conjunto nos asocia a gastos innecesarios (comidas, cócteles, regalos, viajes, etc.). Algo que por otra parte no es estrictamente protocolo, sino gastos de representación en los que su mayor parte los profesionales no tenemos competencia alguna. Por otra parte, la misma sociedad considera el protocolo como algo propio de familias reales, poder, jerarquía, etiqueta, saber estar, glamour, azafatas, corbatas, trajes largos y un sinfín de conceptos que no hace muchos meses la primera cadena de televisión de este país recogía en una encuesta callejera. Existe en la sociedad un gran desconocimiento de lo que es la profesión de protocolo y eventos, del importante trabajo que realizan sus profesionales, que son los primeros en tratar de conseguir que la organización de un evento o la atención protocolizada de una institución pública o privada no sean un gasto, sino una inversión, y que incluso gracias a su participación el desembolso que genera se reduzca notablemente y, por el contrario, los objetivos que se pretendían alcanzar con la organización de estos actos se haya conseguido y, en consecuencia, haya propiciado la consecución de proyección de imagen y marca o sencillamente de beneficios.
La Real Academia Española tampoco ayuda mucho al sector profesional con la inexistencia de una definición en protocolo con la que nos podamos identificar. En su tercera acepción, la única que se aproxima a esta cuestión, señala: “Regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre”. Evidentemente, nuestros académicos deberían revisar esta cuestión, pues ahora ni es regla palatina, ni diplomática, ni todo viene definido por una norma o una costumbre. Tampoco ayuda a los profesionales la proliferación de cursos de moda llamados protocolo donde lo único que se enseña es a vestir adecuadamente para una gala o cómo poner, vestir o servir una mesa.
Existe un gran desconocimiento acerca de nuestro trabajo como profesionales del sector de la organización de eventos, que ocupa de forma directa o indirecta a más de medio millón de trabajadores en nuestro país, que ni tan siquiera pueden inscribirse como tales en el INEM porque no existe la casilla de Protocolo y Eventos, pese a ser ya un título universitario oficial, Grado Europeo aprobado por el Consejo de Ministros en 2011 y que ya desde el año 2010 lo imparte la Universidad Camilo José Cela y a partir de septiembre de este año lo hará también la Universidad Miguel Hernández. Y pese a existir un Máster Oficial en Dirección de Protocolo que habilita para el doctorado en la primera de aquellas universidades. Debe recordarse que uno de los principales sectores que aportan al Producto Interior Bruto español es precisamente el mundo del protocolo y los eventos, porque el mercado de reuniones, congresos, convenciones, etc., es muy importante en la economía general de nuestro país y de nuestras ciudades. España es destino preferente en este tipo de eventos y quienes los organizan son profesionales. Y España cuanta con un buen plantel de profesionales.
Por eso, conscientes de que la profesión de Técnico en Protocolo y Eventos es esencial en la economía de nuestro país, en la promoción de la Marca España, en las relaciones sociales, empresariales, institucionales e internacionales, en la búsqueda y captación de nuevos negocios y mercados,  en la consecución de marcos idóneos de encuentro que favorezcan la consecución de objetivos,  casi un millar de profesionales se una unido en torno a un reclamo: “Queremosorganizareventos”, algo que han llevado a las redes sociales y que ha generado ya más de un millón de comentarios . QOE, como le llamamos, pretende en primer lugar demostrar a la sociedad en general la importancia que tiene nuestra profesión en las relaciones diarias de las instituciones públicas y de las empresas. En segundo lugar, trasladar a la sociedad que protocolo es algo muy distinto a lo que mayoría de las personas piensan, que no nos dedicamos a explicar cómo se come un huevo frito, sino a establecer cuál es la mesa idónea para que dos consejos de administración sean capaces de reunirse para alcanzar acuerdos, o en el plano más institucional, para que se cumplan las normativas existentes sobre símbolos del Estado, precedencias de autoridades o acercamiento de la institución a la sociedad, por citar solo una ínfima parte del vasto campo de trabajo que cubrimos.
A través de QOE pretendemos demostrar que una empresa con un buen servicio de protocolo y eventos está invirtiendo para obtener beneficios, y en el caso de una institución pública, para romper con la lejanía que a veces muestra con respecto a quienes sirve. Los profesionales de protocolo hemos sido desde siempre los primeros en planificar eventos con una dimensión acorde a los objetivos y de acuerdo a un presupuesto lógico. Como en todo, es cierto que determinadas prácticas de dudosa ética o aplicación de comisiones desmedidas ha hecho mucho daño a la profesión. Incluso determinados casos judiciales hasta ahora en boca de todos a costa de concesiones irregulares de organización de actos. QOE quiere separar estas excepcionalidades que, además, precisamente, no están lideradas por profesionales, sino por allegados que a través de una empresa han querido hincar el diente en unas partidas que no cumplían sus objetivos esenciales.
El pasado 25 de febrero, QOE se constituía en Madrid y aprobaba celebrar su primera gran asamblea para debatir el cumplimiento de estos objetivos mediante diferentes acciones de sensibilidad institucional, social y mediática. Para que una profesión, que ya hace décadas dejó de ser una mayordomía para convertirse en una cantera de auténticos profesionales de la organización, preparados adecuadamente, con unos estudios oficiales que les respaldan y les dan el valor añadido académico y científico. Es necesario hacer saber que protocolo no es igual a gasto, o a recorte en tiempos de crisis. El buen profesional tiene la creatividad suficiente para saber ajustar objetivos, medios y presupuestos. Ponemos mucho en duda que eso lo puedan lograr personas ajenas a la profesión que a modo de intrusos se cuelan en nuestro sector y lo dañan ferozmente.
Otro objetivo, pues, es potenciar al profesional preparado y dar reconocimiento al experto experimentado y acreditado. Por eso, la denuncia del intrusismo, el apoyo a las asociaciones profesionales existentes en nuestro país, el reconocimiento oficial de la profesión en el Ministerio de Trabajo para que entre oficialmente en el registro nacional de profesiones y la posible creación de un colegio profesional, son otros de los objetivos primordiales que tiene este movimiento que busca ponerse al servicio de la sociedad en estos momentos tan duros y complejos para todos los españoles y europeos. Por eso, la cita del 18 y 19 de mayo de este año en Madrid (celebración de una gran reunión) ha de servir de primer paso para que Protocolo comience a mirarse con otros ojos, como una profesión más que hoy podemos garantizar comienza a ser imprescindible en todas las instituciones y entidades. A los hechos nos remitimos.